Croquis e introducción a la orientación

La orientación la definimos como la capacidad de saber dónde estás y hacia dónde quieres ir.

De manera lúdica podemos empezar con juegos sensoriales y de rastreo. A continuación os dejamos algunos juegos sensoriales.

Cuando tengamos un croquis o mapa, lo primero que debemos hacer es orientarlo hacia el norte. En Melilla podemos deducir donde está el norte, teniendo como referencia Rostrogordo y sobre todo el cabo Tres Forcas. Con el mapa orientado hacia el norte y buscando algunos puntos del mismo: instalación deportiva del instituto, entrada del parque, fuertes exteriores a Melilla La Vieja…, podemos saber donde estamos en el mapa.

La progresión lógica que podemos realizar para la orientación es empezar en un lugar pequeño, por ejemplo, nuestro instituto, para progresivamente ir a algunos parques o zonas tranquilas y/o de interés cultural de algunos barrios, terminando por grandes zonas de Melilla, como la norte y regiones naturales. A continuación os dejamos algunos croquis:

IES Enrique Nieto. Para la realización de este croquis podemos empezar con una foto aérea (puedes sacarla de google map o google earth) y después realizarla a mano. Muy interesante para iniciarnos en la orientación y organizar gymkhanas.Entre los parques que hay en Melilla, podemos empezar por el de “Agustín Jeréz Rodríguez” (fotos), situado a la espalda de la Policía Local e IES Miguel Fernández. Además de por su historia, sus reducidas dimensiones lo hacen interesante para la iniciación.

Cercano a este parque encontramos otro de mayor dimensiones, el Parque Forestal (imagen aérea en google maps). Podemos comenzar por su parte este, ya que está ligeramente inclinado de manera descendente en esta zona y dificulta la visión de todo su entorno. Sus grandes dimensiones permiten un esfuerzo más parecido a una actividad de orientación de velocidad.Podemos combinar los parques con zonas urbanas tranquilas y/o de interés cultural. Entre estos dos parques tenemos el itinerario modernista de el barrio de “El Real” que nos propone Antonio Bravo.Por su interés cultural y de flora exótica (no muy acorde con actuales criterios de sostenibilidad), tenemos al Parque Hernández. Actualmente tiene una serie de carteles que describen la flora exótica existente que, junto a la ornamentación histórica como la entrada principal, templete de la música, fuentes, etc., podemos planificar gran cantidad de puntos de control para la orientación.Este parque lo podemos relacionar con los dos grandes espacios de mayor interés cultural que tenemos en Melilla: el Triángulo modernista y Melilla “La Vieja” (ciudadela). Muy interesante para actividades con alumnado de intercambio, por ejemplo. Ambos croquis pueden ser adquiridos desde la Oficina de Turismo que está situada en la Plaza de las Culturas.Entrando en recorridos más propios de orientación y por zonas más extensas, intentando pasar por algunas rurales y naturales, tenemos cercano a nuestro instituto dos zonas: Huerta del Limonar y Villa Pilar.

Contamos con uno propio de orientación (colores, no usa topónimos, leyenda propia, etc.): Parque Periurbano de Rostrogordo. En algunas propuestas prácticas con niños, hemos llegado a descartar los puntos 2 y 3 por tener que cruzar la carretera que rodea al parque.


Antes de empezar por el Parque Periurbano de Rostrogordo, podemos iniciarnos en el Centro de ocio y deporte “El Fuerte”, más propio para una gymkhana.

La orientación es fundamental para seguir un itinerario, planificarlo, buscar alternativas, etc., o explorar uno nuevo. Aquí os dejo uno muy sencillo realizado para el propuesto por “Guelaya. Ecologistas en Acción” del río Nano.Tenemos realizado un croquis donde las distancias ya comienzan ser largas para un uso recreativo y más interesantes desde el punto de vista físico y deportivo, así como para el uso de la bicicleta: Zona Norte de Melilla. Comprendida desde el paso fronterizo de Mariguari, Reina Regente y Tiro Nacional en el sur, hasta la parte más al norte como el Barranco del Quemadero, limitado al este por Horcas Coloradas y al oeste por la frontera con Marruecos (Tigorfaten).

Esta zona norte la hemos sacado del mapa topográfico de Melilla (1111-III) a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y que, como la mayoría de los mapas, puedes comprar en la Tienda Verde.También existe otro mapa topográfico de Melilla, en este caso, a escala 1:20.000 y del Servicio Geográfico del Ejército (SGE).

Partiendo de un croquis que trata todo Melilla y con la publicación reciente del libro Bravo, A. (profesor de nuestro intituto), Belver, J. A. y Saro, F. (2011). “Arquitectura Militar del siglo XIX”. Melilla: Fundación Gaselec.A continuación os dejo un vídeo recopilatorio de las fotografías realizadas a los fuertes exteriores por el grupo Photowalk Melilla.

Con una temática diferente se puede realizar otro itinerario por Melilla con la base de la publicación González García, J. A. y Enrique Mirón, C. (2010). “Paseos botánicos por la ciudad de Melilla”. Melilla: UNED.Por último, os dejamos el croquis de la región natural de Guelaya que podemos utilizar para la interpretación de paisajes.Para una mayor nivel teórico os dejo el siguiente post de este mismo blog: “Orientación y cartografía. Introducción“.

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Flora y fauna de Guelaya

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Costas de guelaya

Bañadas e influidas por el mar Mediterráneo, concretamente por el mar de Álborán, presenta dos tipos de costas:

  1. Costas altas. Presentes en la Península de Tres Forcas, están caracterizadas por la presencia de acantilados y numerosos entrantes y salientes, que constituyen puntas y calas o ensenadas. Desde el punto de vistas morfológico, y salvo la parte eruptiva que constituye el mismo Cabo de Tres Forcas, la costa occidental es distinta de la costa oriental: en efecto, dado que la península sufre un movimiento de basculamiento general de un 3% aproximadamente, hacia el este, las cosas occidentales, aún conservando el carácter recortado, son menos abruptas, con un desnivel progresivo desde la meseta hacia el mar, mientras que en la costa oriental forma acantilados de hasta un centenar de metros de altura, don de los fenómenos de cavitación o erosión marina han dejado multitud de escollos y rocas semisumergidas que hacen del lugar una zona peligrosa para la navegación.
  2. Costas bajas. Presentes en la parte occidental de la base de la Península de Tres Forcas, quedando interrumpida por la Punta Negri al oeste y los acantilados abarrancados de Quebdana al este, formando playas en las que la fuerza de los vientos dominantes (del oeste -poniente- y del este -levante-) hacen avanzar las arenas en forma de gigantescas dunas móviles, como las de Hidum, Sammar, Taxdir, etc. En la costa oriental, esta costa cubre las bahía que comienza al sur del peñón de la fortaleza de Melilla (La Vieja), y en la que se produce la desembocadura del río de Oro, formando una playa de arena fina, en forma de semicírculo abierto, que se suele subdividir en varios tramos: San Lorenzo, Los Cárabos, Miami (hoy desaparecida por la construcción del puerto de Beni Enzar), etc.

Mención aparte merece una de las formaciones marinas más características de la región, situada al sur de la Bahía de Melilla y conocida como Mar Chica o “Sebjá Bu-Areg”. Se trata de un mar interior o albufera constituido por el apresamiento de una porción de mar de 154 km², en forma de óvalo, en virtud de la formación de un cordón litoral de arena, denominado Lengua de Tierra (Restinga) que, prologándose en línea recta hacia el SE, presenta una comunicación con la Mar Grande o Mediterráneo, por un pequeño estrecho llamado Bocana, que se abre y se cierra en ciclos de amplitud variable. Actualmente se están consolidando una bocana artificial por dos grandes diques para el paso continuo de barcos de poco calado.

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Geología de Guelaya

La región de la Guelaya presenta una de las colecciones más ricas y diversas de constituyentes petrológicos, pudiéndose encontrar tanto rocas sedimentarias, como metamórficas o magmáticas o ígneas. Es una de las regiones más importantes por sus mineralizaciones, y en algunos puntos presenta suelos fértiles, útiles para la agricultura.

Las rocas de la Guelaya pueden pertenecer a uno de los siguientes grupos de roca magmáticas:

A. Rocas paleozoicas. Guardan estrecha relación con las formaciones triásicas. Forman un solo grupo:

  1. Grupo peridotítico. Formado por peridotitas, de gran importancia en Ceuta, pero que en la Guelaya tan sólo existe un pequeño asomo, tal vez de tipo lacolítico, localizado en el barranco de Ayelmás, en la Península de Tres Forcas, donde aparece descompuesta y metamorfizada.

B. Rocas mesozoicas. Guardan estrecha relación con las formaciones triásicas. Forman un solo grupo:

  1. Grupo ofítico. Constituido por ofitas, parecidas a la sienita por la presencia de ortosa y biotita y la carencia de cuarzo, pero con clara textura ofítica en los feldespatos. Forma en la Guelaya unpequeño manchón asociado al asomo triásico de los montes de Buscherif, al sur del macizo de Beni Bu Ifrur.

C. Rocas cenozoicas. Constituyen la inmensa mayoría de las formaciones eruptivas de la región, responsables de los fenómenos geológicos más importantes. Consta de rocas intruxicas, filonianas y volcánicas, que veremos en tres grupos: diorítico, andesítico y basáltico.

  1. Grupo diorítico. Integradrado por el lacolito de Uixan, en el macizo de Beni Bu Ifrur. Consta de dioritas típicas, de textura holocristalina, formadas esencialmente por plagioclasas y anfíbol, con tránsito a granulitas en algunos tramos, por la presencia de ortosa y cuarzo. Las formaciones dilonianas porfiroides que aparecen al borde del mencionado lacolito, son pórfidos dioríticos, en ocasiones algo cuarzosos y de textura microcristalina. Su edad parece ser que es del plioceno, aunque anteriores a las manifestaciones volcánicas andesíticas.
  2. Grupo andesítico. Integra rocas muy diferentes que, no obstante, tienen en común el ser volcánicas, de textura porfídica, y con predominio de plagioclasas (feldespatos). La clasificación, que no excluye las formas intermedias que pudieran existir, consta de:
    1. Subgrupo andesítico. Son las rocas más abundantes, de gran diversidad, pudiéndose agrupar en:
      • Andesitas prioxénicas o augíticas. De textura pilotáxica o microcristalina. Existen variedades tales como: andesitas piroxénicas (vertiente norte del Gurugú, isla de Alborán), piroxénico-anfibólicas (islas Chafarina, Buharagua), piroxénica con biotita (Tazuda, Atalayón, Punta negri, vertiente sur del gurugú, islas Chafarinas) y piroxénico-anfibólicas con biotita (Sidi Musa, islas Chafarinas).
    2. Subgrupo traquiandesítico. Son rocas algo más ácidas, caracterizadas por la presencia de sanidino y con plagioclasas que varían entre oligoclasa y andesina. Su textura es traquítica, es decir pilotáxico-fluidal, con escasez de fenocristales y de minerales ferromagnesianos (cuando éstos se presentan en biotita). Destacan las siguientes variedades:
      • Traquiandesitas feldespáticas. Forman diques en el Gurugú. Tazuda, Nador, Cala Viñas y Tres Forcas. También han sido identificadas en las islas Chafarinas.
      • Traquiandesitas biotíticas. Que se encuentran en el barranco de Sidi Mesaud.
      • Estas rocas parecen ser del plioceno superior, es decir, del astiense, pero son algo más modernas que las andesitas, sobre las cuales descansa, sin solución de continuidad.
    3. Subgrupo de obsidianas andesíticas. Formado por rocas de textura vítrea, estalcítica, esferolítica o perlítica, que engloba algunos fenoscristales de feldespatos y algunos de biotita. Son los representantes vítreos de los grupos anteriores, formados por un enfriamiento rápido del magma. Existen dos tipos:
      • Obsidianas andesíticas. Que carecen de fenocristales o si lo tienen, siempre escasos, son de feldespato. Se encuentra en Hardu, cerca del zoco de Yemaa, en Tres Forcas y en Dxar Maffut.
      • Obsidianas andesíticas biotíticas. Que contiene fenocristales de biotita. Se encuentra en el monte Tidinit en Kaddur, Tres Forcas, etc.
      • Estas rocas, por su textura, indican un enfriamiento brusco en diques y manchones que, en determinados sitios tal vez indiquen erupciones volcánicas submarinas. Están datadas de finales de plasenciense.
    4. Subrgrupo de las dacitas. Constituye un grupo reducido a tres pequeños asomos, caracterizados todos por su acidez textura porifiroide y presencia de plagioclasas (oligoclasa o andesina), elementos ferruginosos (biotita, augita), y lo más característico: cuarzo idiomorfo. A este grupo pertenecen las dacitas propiamente dichas (Arroyo Masin, Az-Hasain y en Igsasa), riolitas (faldas orientales del Gurugú, Igsasa) y diabasas (hondonada del Gurugú), todas de edad miocena o pliocena (plasenciense).
  3. Grupo basáltico. Integrado por rocas constituidas esencialmente por plagioclasas básica, augita y olivino, con una matriz de textura pilotáxica, formada por feldespatos y elementos ferromagnesianos. La textura del conjunto es la típica de los basaltos: matriz micorcristalina, sin partes vítreas y con elementos muy entrecruzados. Macroscópicamente son negros, densos y algunos con estructura vacuolar, rellenada posteriormente de calcita. Destacan:
    • Basaltos doleríticos. En los que apenas hay fenocristales o restos porfídicos, pero si hay olivino, contituyendo un tránsito a dolerita. Se encuentran en el Zoco el Yemaa, entre el Gurugú y el Atalayón, en Sidi Guriach e Hidum.
    • Basaltos labradoríticos. En los que apenas hay olivino y los microlitos de labrador se mezclan en la matriz, con los de augita, constituyendo casi toda la roca. Se encuentra en la meseta del Zoco el Had y también ha sido identificado en la isla Congreso (Chafarinas).
    • Son rocas de edad posterior a la andesitas y a las traquiandesitas, ya que se observan coladas de las primeras superpuestas a las segundas. Se estima que su edad sea del plioceno superior, marcando unas erupciones tranquilas, fisurales, que constituyen la faja eruptiva más interna de la cuenca de Alborán.

En orden de importancia tenemos en Guelaya los siguientes suelos:

  • Suelos de origen eruptivo. Formados a partir de la alteración de rocas y demás productos volcánicos. Son suelos ricos en fósforo, debido al apatito, y en potasa, debido al sanidino, así como sodio, etc. En general son suelos fértiles, localizados en los alrededores del macizo eruptivo del Gurugú y valles o vegas de ríos o arroyos que nacen en él, lo que denuncia el origen aluvial o alóctono de estos suelos. Se hallan buenos suelos en Jemis, Nador, Farhana y Melilla.
  • Suelos salinos. Están representados en los alrededores de la Mar Chica, las llanuras del Bu-Areg, donde la sal disuelta, procedente de filtraciones marinas freáticas o bien los ríos salobres como el Zeluán, asciende por capilaridad y forma costras salinas, nefastas para la agricultura.
  • Suelos pedregosos o calcáreos. Especialmente abundantes en la meseta esteparia de Beni-Sicar, donde el paisaje de piedras es la tónica dominante. Estas formaciones son debidas a la fuerte deflacción que provocan los vientos dominantes, que desprovee al terreno de los elementos finos. A este hecho se le viene a añadir el problema de la costra travertínica que ocupa la mayor parte del terreno, que imposibilita el asentamiento de la vegetación. Tan sólo la acumulación de agua de lluvia en determinadas depresiones, ha permitido la meteorización de las calizas y, por ende, la acumulación de arcillas rojas, dando suelos pesados, donde la vegetación subarbustiva ha iniciado alguna edafogénesis y en su mayor parte utilizando para la agricultura de secano, principalmente de cereales.

En conclusión, salvo algunos suelos de origen eruptivo o aluvial, los procesos de edafogénesis en la Guelaya son lentos y no exentos de dificultades, resultando, por lo general, suelos pobres, propios de clima mediterráneo estepario.

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Climatología de la Guelaya

El clima de la región de Guelaya presenta una serie de características que permiten subdividirla en dos zonas climáticas: una costera, de clara influencia marítima, y otra interior, de características algo más continentales. Considerada en su conjunto, la región está afectada por la cuña subdesértica que, procedente de las altiplanicies del sur, desciende por la cuenca del río Muluya, marcando un conjunto cuyas precipitaciones anuales están por debajo de los 400 mm. Se trata pues, de esa zona intermedia en la que se registraba la mínima disminución de pluviosidad desde Tánger hacia el este, y a partir de la cual se observaba un aumento progresivo hacia Bugía. La causas de este fenómeno, como ya exponíamos, se debía a la progresiva desecación de las masas de aire provenientes del Atlántico, por el efecto “foehn”, que hace descargar dicha humedad en las cordilleras interiores, situadas en contra de la dirección de los vientos predominantes. Sin embargo, la proximidad del mar Mediterráneo determina una mayor humedad en la zona costera y, por lo tanto, la subdivisión climática anteriormente aludida.

A estas características generales habría que añadir otras de carácter local, que imponen un carácter singular al clima de esta zona:

  1. La Península de Tres Forcas actúa de pantalla para los vientos del este, determinando las mayores alturas de oleaje de todo el Mediterráneo occidental, constituyendo auténticos temporales que afectan a la morfología de los acantilados.
  2. La orografía de la región actúa como una pantalla frente a los vientos cargados de humedad procedentes del atlántico, dejando sentir la parte oriental, el “efecto foehn” aludido, que hace descender dicha humedad.
  3. Por su latitud geográfica, se encuentra en la zona templada, afectada por el frente polar, que se origina por el contacto entre el aire tropical cálido (proveniente de las altas presiones tropicales) y el aire polar (procedente de las altas presiones circumpolares), lo que determinará un régimen de vientos de componente oeste (suroeste-noreste).
  4. La región se haya afectada por el dominio del anticiclón de las Azores, que con sus desplazamientos hacia el norte, o hacia el sur, permitirá o impedirá la entrada de las masas húmedas oceánicas.
  5. Por su situación, la región puede ser afectada por vientos secos y helados procedentes del anticiclón invernal centroeuropeo o de la borrasca del Golfo de Génova.
  6. El choque de vientos del este ocasionados por borrascas norteafricanas, contra frentes fríos del noreste, puede ocasionar lluvias o aguaceros de gran intensidad que, en pocos días pueden ocasionar destrozos.
  7. La influencia del Sáhara se deja sentir bajo oleadas de calor seco, de características semejantes al siroco del Mogreb.
  8. La cercanía del mar dulcificará la oscilación diurna, amortiguando las mínimas y, por tanto impidiendo las heladas, fenómeno que va descendiendo conforme nos alejamos de la costa, de forma que en el interior, las altas temperaturas a que llega durante el día pueden ser soportadas gracias a un rocío intenso nocturno que protege a la vegetación de la fortísima evapotranspiración.
  9. Las diferencias de temperaturas y salinidad entre el Mediterráneo y el Atlántico van a determinar un régimen de vientos superficiales de gran fuerza que imprime, por su cercanía, un carácter singular a la Guelaya, donde son conocidos, por sus direcciones predominantes, como poniente (del oeste-noroeste) y levante (del este-noreste).

Resumiendo, las características meteorológicas de esta región serían:

  1. Precipitaciones. Presenta dos máximos pluviométricos en los meses de invierno y primavera, y dos mínimos en los meses de verano y otoño. La máxima pluviosidad se da en diciembre-febrero-abril, y la mínima en julio-agosto. El régimen de lluvias es torrencial, e interanualmente irregular, pues frente a los 600 l de 1976 se oponen los 107 l de 1966 y en un solo día se pueden recoger hasta 154 l. La media anual da 366´5 l, con la salvedad de que el número de años áridos o semiáridos es considerablemente mayor.
  2. Presión atmosférica. Las altas presiones corresponden al invierno, bajando en primavera, estacionándose en verano y subiendo de nuevo en otoño.
  3. Humedad y evaporación. La humedad relativa más alta se registra en los meses de otoño e invierno (74%), para ir descendiendo en primavera y darse las mínimas en verano (68´8%) coincidiendo con las temperaturas más altas del año. La evaporación es más intensa, por tanto, en verano, con valores próximos a la mitad de las precipitaciones anuales.
  4. Vientos. Los vientos constituyen el 60% del flujo superficial sobre Melilla, del cual 33´7% es poniente y el 23´8% es de levante, siendo las restantes direcciones insignificantes respecto a éstas. Los vientos de poniente son particularmente abundantes en invierno, mientras que los de levante lo son en verano. La fuerza de estos vientos, y en particular el de poniente (oeste y noroeste), llegan a adquirir el carácter de rachas atemporales de alta velocidad, llegándose a la cota de 133 km/h en enero de 1965.
  5. Temperaturas. Las temperaturas máximas se dan en los meses de verano, superiores a 35º C y un promedio de 24´5º; las temperaturas mínimas se dan en los meses de invierno, interiores a 6º y un promedio de 13´4º. Las oscilaciones es de 12´2ºcon valores extremos de 11´1º (1972) y 14º (1976), lo que le otorga una cierta dureza térmica en esta región.

A partir de estos datos, se llega a la conclusión de que el clima de la región es, según las clasificación de Kôppen, intermedio entre un clima templado-cálido, de sequía estival, y uno de tipo estepario cálido, más cerca de este último, es decir, un clima semiárido o estepario, aproximándose al tipo heleno de Martonne, perteneciente al dominio climático mediterráneo o subtropical.

Estos datos promediados, significativos del clima de esta región, no nos debe enmascarar el carácter irregular de las condiciones meteorológicas, lo que se pone de manifiesto cuando examinamos los diagramas ombrotérmicos y climatogramas que corresponden a años de resultados extremos. De este modo, en 1966 se asiste a una año de clima árido o desértico, más propio de latitudes próximas al desierto, mientras que en 1976 se observan abundantes lluvias que confieren a la zona un clima de tipo oceánico o húmedo. No obstante, hemos de observar que lo que realmente determina estas variaciones son las precipitaciones de carácter irregular, ya que las oscilaciones térmicas son mínimas de un año a otro, conservando por encima de estas fluctuaciones, el carácter mediterráneo, de inviernos lluviosos y veranos secos. Así, en 1980 se puede considerar como un año promedio, algo seco, con sus dos picos húmedos situados en invierno-primavera y un amplio período seco estival.

Vistas estas particularidades, podemos examinar algunos casos típicos del tiempo en cada una de las estaciones, en el Mediterráneo occidental, responsables de los fenómenos meteorológicos de la región que consideramos:

  • Invierno. El anticiclón de las Azores impide el paso de las borrascas atlánticas. Sin embargo, de la conjunción de efectos de este anticiclón y las borrascas centroeuropeas, se produce un chorro de viento del norte, de origen polar, y que provoca un fuerte descenso de las temperaturas. La humedad va disminuyendo por el efecto “fohen” que provocan las cordilleras ibéricas, de forma que el tiempo en Melilla es seco y frío.
  • Primavera. El anticiclón de las Azores desciende permitiendo el paso de las borrascas atlánticas, aportando humedad a la región. De la conjunción de estas borrascas con el anticiclón de las Azores, se pueden originar fuertes vientos de poniente, con rachas de alta velocidad. Existe posibilidad de que se produzca precipitaciones, si bien éstas van disminuyendo de intensidad desde el Estrecho de Gibraltar hasta Melilla, por el efecto “foehn” de la cadena montañosa del Rif. Las temperaturas serán suaves, debido a la procedencia oceánica del flujo.
  • Verano. Se produce una depresión o borrasca norteafricana que, en combinación con el anticiclón centroeuropeo, va a provocar fuertes vientos de levante, que ocasionan temporales que azotan las costas orientales de Tres Forcas, y aportando humedad al ambiente, lo que implicará un ambiente cálido y húmedo, típicamente “pegajoso”.
  • Otoño. El anticiclón de las Azores desciende de nuevo, permitiendo el paso de borrascas atlánticas por el Mediterráneo occidental, en dirección oeste-este, que pueden ser frenadas en este nivel por la existencia de un anticiclón noratlántico. Ello provocará vientos de procedencia suroeste y oeste que pueden producir fuertes temporales y lluvias. En síntesis, el tiempo será húmedo y templado.

Naturalmente, algunas de estas situaciones se pueden dar en todas las estaciones, provocando efectos distintos según su combinación con las temperaturas propias de aquéllas. Incluso, cabría distinguir pequeñas fluctuaciones desde la Península de Tres Forcas hasta las estepas del Gareb, como algunos datos de 1954 demuestran donde se observan como van disminuyendo las precipitaciones desde la costa hacia el interior.

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Hidrografía de Guelaya

Para comprender el carácter de la cuenca hidrográfica de la Guelaya, podemos establecer un línea de 55 km, a modo de divisoria de aguas, que atravesaría la región de norte a sur, pudiendo ser considerada como la directriz topográfica del nervio orográfico principal, del que irradiarían en dirección normal , otras formaciones secundarias.Esta línea comenzaría en el sur a 200 m sobre el nivel del mar, en los llanos del Gareb, elevándose 400 m en los montes de Bu-Sherit, luego forma un collado a los 240 m (donde nace el río Melha), elevándose posteriormente a 470m al cruzar el monte Harcha; luego desciende a 300 m en el collado de Iberguren y sube a la cota máxima del Uixan (alrededor de 700 m), luego baja algo en el At-laten (180 m) y vuelve a elevarse brúscamente a 620 m en el Gurugú (dejando al este las cotas máximas, debido a la posición del río de Oro). A continuación baja un collado de 170 m, cerca de Arranú, donde asciende nuevamente formando una meseta que alcanza 415 m en el Taryat, de donde desciende brúscamente a 170 m para volver a subir a 320 m, y tras pequeñas oscilaciones, termina en la punta del Cabo de Tres Forcas.

Dadas las fuertes pendientes que presentan los macizos montañosos, la proximidad de sus máximas cotas respecto al mar, y el régimen torrencial de lluvias, la red hidrográfica de la Guelaya es de tipo torrencial, exorreica o endorreica, según los casos, con un régimen hidrológico de lluvias invernales. Por ello, en este conjunto los cursos tienen un corto recorrido, y en general, no resulta apropiado considerarlos como auténticos ríos, sino más bien arroyos o torrentes mediterráneos. El trazado de la red hidrográfica actual es moderno, debido a los ríos que han excavado sus cauces, ya avanzando el Pleistoceno, gracias a la poca dureza del terreno, esencialmente en el terciario y cuaternario.

Atendiendo a la línea divisoria de aguas descrita, podemos considerar dos cuencas hidrográficas, situadas al este y al oeste de aquella:

A. Cuenca oriental o de la Mar Chica. Caracterizada por cursos de diversa índole, que adquieren el carácter de barrancos, secos en la mayor parte del año, o bien algo más importantes. Podemos distinguir los siguientes grupos:

  1. Barrancos orientales de Tres Forcas. Son cursos esporádicos de corto trayecto, que vierten en los acantilados orientales de esta península. Destaca el arroyo de Ayelmán o río Salado, que aprovecha la depresión producida por la falla de Ayelmán y desemboca en la Cala del Peñón Hendido.
  2. El río de Oro. Llamado Uad Medduar, que alude a la sinuosidad de su trayecto, es el curso más importante que desemboca directamente en este lado del mar. Nace en el macizo del Gurugú, recogiendo aguas procedentes de la meseta de Tazuda y del pico Taquigriat. Su curso, de más de 21 km, inicialmente dirigido hacia el norte, y al parecer con tendencia a seguir hacia el oeste, cambia bruscamente de dirección (posiblemente debido a un basculamiento general de la región hacia el este), en las proximidades del Zoco El Had (Beni Chicker), donde se curva hacia el este, uniéndosele como afluentes, el Tigorfaten a la izquierda (procedente de la meseta terciaria) y el Farhana y Sidi-Guariach a la derecha (procedentes de barrancos septentrionales del Gurugú). En este punto, el valle del río se ensancha ampliamente, tomando el aspecto de una vega, donde se asienta la población de Melilla, desembocando en la bahía situada al sur del promontorio de la fortaleza de Melilla, aunque su verdadera desembocadura, antes de la intervención humana, estaba situada más arriba del emplazamiento actual, al norte del cerro de San Lorenzo, aprovechando una depresión de origen tectónico, situada en lo que hoy es la calle principal de la ciudad: “Avda. Juan Carlos I”. La extensión de su cuenca es aproximadamente de unos 85 km².
  3. Barrancos y ríos de la Mar Chica. En la falda oriental del macizo del Gurugú se forman abruptos barrancos, el más importante de los cuales es el que forma el arroyo Mezquita, que desemboca en Beni-Enzar; otros barrancos presentan otros cursos esporádicos que desaparecen antes de llegar a la Mar Chica. Procedentes del macizo de Beni Bu Ifrur, destacan algunos cursos que forman vaguadas de origen tectónico. Por el sur destaca el Jemis, que nace cerca del Zoco El Jemis, y cuyo curso, incialmente dirigido de sur a norte, toma luego la dirección este y, rodeando al monte Afra y recibir como afluente oriental el Harro y como afluente occidental el Bocoya y el Iberkanen, desemboca en la Mar Chica, cerca de Tauima. Otro curso procedente del citado macizo es el Uixan que desciende de las máximas cotas del macizo, y aprovechando una depresión tectónica, desciende, pasando por San Juan de las Minas, hasta desembocar en la Mar Chica.
  4. El río Tegaud o de Zeluan. De unos 16 km de recorrido, y limitando en el sureste a la Guelaya, es el curso principal de la cuenca hidrográfica. Nace en Monte Arruit, a 170 m sobre el nivel del mar, merced a un afloramiento de aguas, subterráneas procedentes de las cotas más altas de la meseta del Gareb, de donde toma dirección noreste, atravesando terrenos terciarios y cuaternarios, uniéndosele en su recorrido algunos cursos meridionales del macizo de Beni Bu Ifrur, y tras rodear a la Alcazaba de Zeluán, acaba filtrándose en los terrenos arenosos del Bu Areg, antes de desembocar en la Mar Chica. Es decir, que este curso es el más regular de la región, habiéndose medido un caudal de 180 l/s. La extensión de la cuenca es, aproximadamente, de unos 40 km².

B. Cuenca occidental o del Kert. Ocupada en su mayor parte por la red hidrográfica del río Kert. No obstante distinguimos:

  1. Barrancos occidentales o del Kert. De características similares a los barrancos orientales, con la salvedad de que desembocan en ensenadas menos abruptas, atravesando terrenos terciarios más antiguos, debido al basculamiento hacia el este de la península. Destaca el arroyo Hedi, que desemboca en Cala Charranes, aprovechando la depresión tectónica de Ayelmán. Otro arroyo es el Sidi-Mesaud que desemboca en la ensenada de Igsasen, tras atravesar terrenos terciarios. El resto de las vaguadas carecen de importancia.
  2. El río Kert. Es el segundo curso más importante de Marruecos oriental. Presenta un trayecto de unos 70 km, excavando su curso en terrenos terciarios y cuaternarios. Nace en las alturas de Mezror, por confluencia de dos arroyos procedentes de la cábila de Guesnaya (el Kert) y de Beni-Tuzin (el Gan), constituyendo, en sus últimos 24 km, el límite suroeste de la Guelaya, terminando por desembocar en las playas situadas al sur de Punta Negri, en la cábila de Beni Bu Gafar. Dentro de esta zona el río recibe varios afluentes procedentes del macizo de Beni Bu Ifrur, y que, de sur a norte, se denominan: Melhan, Saona, Masin y Bohua. La extensión de la cuenca es de, aproximadamente, 1000 km².
YUS RAMOS, R. Y CABO HERNÁNDEZ, J.M. (1986). Guía de la Naturaleza de la región de Melilla. Ayuntamiento de Melilla.

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Relieve de Guelaya

Ha existido una pequeña controversia sobre si la orografía de la Guelaya debe incluirse en la del Rif. Así, mientras que algunos autores mantenían que el Rif no era continuación de la cadena de Orán, sino que nacía en la Guelaya, y se dirigía hacia el oeste, otros autores decían que la cadena rifeña empieza bastante a poniente de Tres Forcas, cerca de Alhucemas.

Interpretaciones más recientes han demostrado la existencia de una similitud petrológica y estructural en todo el norte mogrebí, formando un conjunto denominado cadena tello-rifeña, incluyendo naturalmente la Guelaya, si bien con algunas características peculiares como la existencia de asomos eruptivos de fecha reciente.

Algunos geólogos incluían el Rif y el Tell en lo que denominaban el Atlas Mediterráneo, cuyo origen, alpino, era netamente homólogo a otras formaciones montañosas del otro lado del mar de Alborán, las cordilleras Béticas, a las que se une por el Estrecho de Gibraltar, lo que denotaría una actividad tectónica común en toda la cuenca Mediterráneo occidental.

Según esta concepción, la parte oriental del Rif constaría, al igual que en el resto de las cordilleras, de unas fajas o alineaciones montañosas paralelas a la costa, de las que la más interna o costera sería de naturaleza antigua, asociada a fenómenos eruptivos, denotando la tectógénesis aludida, y a la que seguiría una faja formada por cordilleras de materiales secundarios y terciarios plegados.

Estas fajas correspondería en la Guelaya, a los macizos de Ayelmán de Tres Forcas (faja interna) y los montes de Beni Bu Ifrur, además del macizo de Quebdana-Ziata y M´Talsa (faja externa), cuya composición nos hace suponer que son estribaciones orientales del Rif. Estas fajas solo se hayan interrumpidas por las erupciones volcánicas terciarias. Como veremos más adelante, tal disposición obedece y es el resultado de los fenómenos que condujeron al hundimiento de un continente situado en la actual cuenca de Alborán, y que se ha venido denominando microplaca de Alborán.

I. Montañas.

Desde el punto de vista montañoso, podemos distinguir cuatro macizos que de norte a sur serían: Macizo eruptivo de Tres Forcas, Meseta sedimentaria de Beni-Sicar, Macizo eruptivo del Gurugú, Macizo de Beni Bu Ifrur.

  • Macizo eruptivo de Tres Forcas. Comprendido entre la falla del Ayelmán y el Mar Mediterráneo, ocupando el norte de la cábila de Beni-Sicar, y constituyendo el auténtico Cabo de Tres Forcas. Está formado por una red compleja de barrancos profundos de aspectos desolado, alcanzando su mayor altura a 360 m, situada en el SE, próximo al barranco de Ayelmán.
  • Meseta sedimentaria de Beni-Sicar. Situada entre la falda de Ayelmán y el cauce del río de Oro al sur. Constituye dos tramos: el primero es una pequeña sierra de unos 5 km, orientada de NE a SW, cuya máxima altura es de 415 m (pico Taryat), y es de naturaleza metamórfica la auténtica meseta, de tonos claros por su carácter sedimentario y muy plana, acabando en su parte oriental en unos acantilados casi verticales, alcanzando su máxima altura a los 360 m.
  • Macizo eruptivo del Gurugú, Forma el relieve más destacado de la Guelaya e imprime una singular fisionomía al paisaje. Está limitada por el río de Oro, al norte, el río Uixan y Mar Chica, al este, y por el arroyo Masín al sur. Está constituido por el denominado monte Gurugú, integrado a su vez por cuatro picos principales: Taquigriat, máxima cota de toda la región (885 m), Basbel (792 m), Kol-la (720 m) y Tizi-Taquiras. Es enteramente de naturaleza eruptiva de color gris oscuro o rojizo, y está jalonado de numerosos y profundos barrancos.
  • Macizo de Beni Bu Ifrur. Situado al sur de la Guelaya, está limitado al norte por el rio Uixan y al sur por las llanuras del Gareb, dejando al este las llanuras del Bu Arg, y al oeste, la cuenca del río Kert. El núcleo principal es el monte Uixan (696 m), siguiéndole en importancia el Ixasa (592 m), el eruptivo Tidinit (569 m), el Axara (450 m), etc. Está formado por rocas sedimentarias antiguas afectadas por una intrusión magmática que viene a complicar su estructura.

 II. Valles.

El sistema montañoso descrito se encuentra surcado por multitud de cauces de ríos y  en su mayor parte por arroyos, barrancos y otras ramificaciones menores, secos en la mayor parte del año y de carácter torrencial. Dado que los terrenos son blandos, fácilmente erosionables, los calles esculpidos suelen ser profundos y angostos. He aquí los principales:

  • Valles del río Kert. Constituye en sus 24 últimos kilómetros, el límite S. O. De la Guelaya, considerada en su acepción geográfica. Es un amplio valle por el que discurre un auténtico río, el más importante de la región, que atraviesa la meseta sedimentaria de Beni-Sidel.
  • Valle del río de Oro. Situado en las proximidades de Melilla, donde forma una importante y fértil vega, al unírsele el arroyo Farhana, de una parte, y el arroyo Tigorfaten, por la otra, llegando a alcanzar un promedio de unos 600 m de anchura. Su cauce, dirifido en su origen hacia el norte, sufre un brusco viraje hacia el este, tal vez debido a movimientos basculantes de la región.
  • Valle del río Uixan. Constituye un pequeño valle, producto de la unión del río Uixan y el Axara, que discurren por un hundimiento basculante de origen tectónico, dirigido hacia el este, lo que obligó probablemente a abandonar la anterior confluencia del Uixan con el Masin.
  • Valle del río Jemis. Se trata de un valle de unos 500 m de anchura que forma una vega análoga a la del río de Oro. Está situado entre los montes Guesula al oeste y los Hasao al este.
  • Valle del río Masin. Comprendido entre el gurugú al norte y los montes Hianen al sur, atravesando la meseta tercieria de Beni –Sidel, dejando un cauce que se ensancha progresivamente hasta alcanzar hasta 4 km de anchura, y terminando en el valle del río Kert, del que es afluente.

III. Llanuras.

Se trata de terrenos formados por sedimentos terciarios y cuaternarios, que rellenan las depresiones sinclinales de los pliegues anteriormente aludidos. La primera llanura está situada entre los dos primeros anticlinales y su morfologíaa fue notablemente alterada por la erupción andesítica que formaría en us lugar el macizo del Gurugú. La única llanura que nos queda se sitúa al sur y este de la región, entre el segundo y tercer anticlinal, es decir, entre el macizo de Beni Bu Ifrur y los Montes de Quebdana-Ziata, destacándose dos subdivisiones según su proximidad al mar:

  • El Bu-Erg -Bu Areg-. Llannura que se extiende por la parte oriental desde Nador hacia Karie-Arkeman, caracterizada por estar constituida por terrenos cuaternarios, morfológicamente asimilables al dominio de la Mar Chica. Recibe varias denominaciones locales: Et-Tir (cercana a Tauima), Bu-Arg (pasado el río Zeluán).
  • El Gareb. Llanura esteparia alejada del mar, situada en el sur del macizo de Beni Bu Ifrur y el río Zeluán, donde toma la denominación local del Chemorra (hasta Monte Arruit -Mont Aroui-), Gareb (al sur, hacia los ziata) y Seheb el Mohra (hacia el río Kert). Está integrada por materiales cuaternarios de origen lacustre y algunos asomos terciarios que forman las escasa elevaciones.
YUS RAMOS, R. Y CABO HERNÁNDEZ, J.M. (1986). Guía de la Naturaleza de la región de Melilla. Ayuntamiento de Melilla.

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