Climatología de la Guelaya

El clima de la región de Guelaya presenta una serie de características que permiten subdividirla en dos zonas climáticas: una costera, de clara influencia marítima, y otra interior, de características algo más continentales. Considerada en su conjunto, la región está afectada por la cuña subdesértica que, procedente de las altiplanicies del sur, desciende por la cuenca del río Muluya, marcando un conjunto cuyas precipitaciones anuales están por debajo de los 400 mm. Se trata pues, de esa zona intermedia en la que se registraba la mínima disminución de pluviosidad desde Tánger hacia el este, y a partir de la cual se observaba un aumento progresivo hacia Bugía. La causas de este fenómeno, como ya exponíamos, se debía a la progresiva desecación de las masas de aire provenientes del Atlántico, por el efecto “foehn”, que hace descargar dicha humedad en las cordilleras interiores, situadas en contra de la dirección de los vientos predominantes. Sin embargo, la proximidad del mar Mediterráneo determina una mayor humedad en la zona costera y, por lo tanto, la subdivisión climática anteriormente aludida.

A estas características generales habría que añadir otras de carácter local, que imponen un carácter singular al clima de esta zona:

  1. La Península de Tres Forcas actúa de pantalla para los vientos del este, determinando las mayores alturas de oleaje de todo el Mediterráneo occidental, constituyendo auténticos temporales que afectan a la morfología de los acantilados.
  2. La orografía de la región actúa como una pantalla frente a los vientos cargados de humedad procedentes del atlántico, dejando sentir la parte oriental, el “efecto foehn” aludido, que hace descender dicha humedad.
  3. Por su latitud geográfica, se encuentra en la zona templada, afectada por el frente polar, que se origina por el contacto entre el aire tropical cálido (proveniente de las altas presiones tropicales) y el aire polar (procedente de las altas presiones circumpolares), lo que determinará un régimen de vientos de componente oeste (suroeste-noreste).
  4. La región se haya afectada por el dominio del anticiclón de las Azores, que con sus desplazamientos hacia el norte, o hacia el sur, permitirá o impedirá la entrada de las masas húmedas oceánicas.
  5. Por su situación, la región puede ser afectada por vientos secos y helados procedentes del anticiclón invernal centroeuropeo o de la borrasca del Golfo de Génova.
  6. El choque de vientos del este ocasionados por borrascas norteafricanas, contra frentes fríos del noreste, puede ocasionar lluvias o aguaceros de gran intensidad que, en pocos días pueden ocasionar destrozos.
  7. La influencia del Sáhara se deja sentir bajo oleadas de calor seco, de características semejantes al siroco del Mogreb.
  8. La cercanía del mar dulcificará la oscilación diurna, amortiguando las mínimas y, por tanto impidiendo las heladas, fenómeno que va descendiendo conforme nos alejamos de la costa, de forma que en el interior, las altas temperaturas a que llega durante el día pueden ser soportadas gracias a un rocío intenso nocturno que protege a la vegetación de la fortísima evapotranspiración.
  9. Las diferencias de temperaturas y salinidad entre el Mediterráneo y el Atlántico van a determinar un régimen de vientos superficiales de gran fuerza que imprime, por su cercanía, un carácter singular a la Guelaya, donde son conocidos, por sus direcciones predominantes, como poniente (del oeste-noroeste) y levante (del este-noreste).

Resumiendo, las características meteorológicas de esta región serían:

  1. Precipitaciones. Presenta dos máximos pluviométricos en los meses de invierno y primavera, y dos mínimos en los meses de verano y otoño. La máxima pluviosidad se da en diciembre-febrero-abril, y la mínima en julio-agosto. El régimen de lluvias es torrencial, e interanualmente irregular, pues frente a los 600 l de 1976 se oponen los 107 l de 1966 y en un solo día se pueden recoger hasta 154 l. La media anual da 366´5 l, con la salvedad de que el número de años áridos o semiáridos es considerablemente mayor.
  2. Presión atmosférica. Las altas presiones corresponden al invierno, bajando en primavera, estacionándose en verano y subiendo de nuevo en otoño.
  3. Humedad y evaporación. La humedad relativa más alta se registra en los meses de otoño e invierno (74%), para ir descendiendo en primavera y darse las mínimas en verano (68´8%) coincidiendo con las temperaturas más altas del año. La evaporación es más intensa, por tanto, en verano, con valores próximos a la mitad de las precipitaciones anuales.
  4. Vientos. Los vientos constituyen el 60% del flujo superficial sobre Melilla, del cual 33´7% es poniente y el 23´8% es de levante, siendo las restantes direcciones insignificantes respecto a éstas. Los vientos de poniente son particularmente abundantes en invierno, mientras que los de levante lo son en verano. La fuerza de estos vientos, y en particular el de poniente (oeste y noroeste), llegan a adquirir el carácter de rachas atemporales de alta velocidad, llegándose a la cota de 133 km/h en enero de 1965.
  5. Temperaturas. Las temperaturas máximas se dan en los meses de verano, superiores a 35º C y un promedio de 24´5º; las temperaturas mínimas se dan en los meses de invierno, interiores a 6º y un promedio de 13´4º. Las oscilaciones es de 12´2ºcon valores extremos de 11´1º (1972) y 14º (1976), lo que le otorga una cierta dureza térmica en esta región.

A partir de estos datos, se llega a la conclusión de que el clima de la región es, según las clasificación de Kôppen, intermedio entre un clima templado-cálido, de sequía estival, y uno de tipo estepario cálido, más cerca de este último, es decir, un clima semiárido o estepario, aproximándose al tipo heleno de Martonne, perteneciente al dominio climático mediterráneo o subtropical.

Estos datos promediados, significativos del clima de esta región, no nos debe enmascarar el carácter irregular de las condiciones meteorológicas, lo que se pone de manifiesto cuando examinamos los diagramas ombrotérmicos y climatogramas que corresponden a años de resultados extremos. De este modo, en 1966 se asiste a una año de clima árido o desértico, más propio de latitudes próximas al desierto, mientras que en 1976 se observan abundantes lluvias que confieren a la zona un clima de tipo oceánico o húmedo. No obstante, hemos de observar que lo que realmente determina estas variaciones son las precipitaciones de carácter irregular, ya que las oscilaciones térmicas son mínimas de un año a otro, conservando por encima de estas fluctuaciones, el carácter mediterráneo, de inviernos lluviosos y veranos secos. Así, en 1980 se puede considerar como un año promedio, algo seco, con sus dos picos húmedos situados en invierno-primavera y un amplio período seco estival.

Vistas estas particularidades, podemos examinar algunos casos típicos del tiempo en cada una de las estaciones, en el Mediterráneo occidental, responsables de los fenómenos meteorológicos de la región que consideramos:

  • Invierno. El anticiclón de las Azores impide el paso de las borrascas atlánticas. Sin embargo, de la conjunción de efectos de este anticiclón y las borrascas centroeuropeas, se produce un chorro de viento del norte, de origen polar, y que provoca un fuerte descenso de las temperaturas. La humedad va disminuyendo por el efecto “fohen” que provocan las cordilleras ibéricas, de forma que el tiempo en Melilla es seco y frío.
  • Primavera. El anticiclón de las Azores desciende permitiendo el paso de las borrascas atlánticas, aportando humedad a la región. De la conjunción de estas borrascas con el anticiclón de las Azores, se pueden originar fuertes vientos de poniente, con rachas de alta velocidad. Existe posibilidad de que se produzca precipitaciones, si bien éstas van disminuyendo de intensidad desde el Estrecho de Gibraltar hasta Melilla, por el efecto “foehn” de la cadena montañosa del Rif. Las temperaturas serán suaves, debido a la procedencia oceánica del flujo.
  • Verano. Se produce una depresión o borrasca norteafricana que, en combinación con el anticiclón centroeuropeo, va a provocar fuertes vientos de levante, que ocasionan temporales que azotan las costas orientales de Tres Forcas, y aportando humedad al ambiente, lo que implicará un ambiente cálido y húmedo, típicamente “pegajoso”.
  • Otoño. El anticiclón de las Azores desciende de nuevo, permitiendo el paso de borrascas atlánticas por el Mediterráneo occidental, en dirección oeste-este, que pueden ser frenadas en este nivel por la existencia de un anticiclón noratlántico. Ello provocará vientos de procedencia suroeste y oeste que pueden producir fuertes temporales y lluvias. En síntesis, el tiempo será húmedo y templado.

Naturalmente, algunas de estas situaciones se pueden dar en todas las estaciones, provocando efectos distintos según su combinación con las temperaturas propias de aquéllas. Incluso, cabría distinguir pequeñas fluctuaciones desde la Península de Tres Forcas hasta las estepas del Gareb, como algunos datos de 1954 demuestran donde se observan como van disminuyendo las precipitaciones desde la costa hacia el interior.

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